El 28 de diciembre, una nueva ola de protestas estalló en Irán, impulsada por las dificultades económicas relacionadas con la caída del rial iraní y el deterioro generalizado de las condiciones de vida de la población.
Lo que comenzó como una huelga de comerciantes de teléfonos y tecnología rápidamente escaló hasta convertirse en un movimiento amplio que exige la caída del gobierno de Ali Khamenei. En la actualidad, las protestas se han extendido a cerca de 150 ciudades y 600 pueblos en las 31 provincias del país.
Contexto Político e Histórico
Entre 1925 y 1979, Irán estuvo bajo el régimen de la Dinastía Pahlavi, una monarquía aliada estrechamente con Estados Unidos, que promovió una política de «occidentalización». Durante este período, el régimen mantuvo el control social a través de la represión política, la censura y la persecución de disidentes mediante su temida agencia de seguridad, la SAVAK.
La Revolución Iraní de 1979 puso fin a esta dinastía, producto de una serie de factores complejos. A lo largo de los años, se fusionaron diferentes corrientes ideológicas: un pensamiento de izquierda que rechazaba el autoritarismo de la monarquía, y fuerzas conservadoras que se oponían a la «occidentalización» del país. Además, factores sociales como la creciente desigualdad y la corrupción ayudaron a alimentar el descontento popular.
Dentro de la revolución, surgieron dos figuras clave: el sociólogo Ali Shariati, defensor de un islam progresista y de la justicia social (quien falleció antes de la victoria revolucionaria), y el ayatolá Khamenei, representante del ala tradicionalista. Tras la caída del Shah y el fracaso de los intentos reformistas de los moderados, Khamenei regresó triunfante en 1979, consolidando el poder en manos de los clérigos y marginando a otras fuerzas revolucionarias.
Bajo la dirección de Jomeini, se instauró una teocracia directa basada en la sharia, rompiendo con la tradición islámica, donde los eruditos solo ofrecían consejo. Se creó el Consejo de Guardianes para controlar la legislación y vetar candidatos. El nuevo régimen implementó cambios sociales drásticos, como la obligatoriedad del hiyab, la segregación de sexos, la prohibición de la música y el alcohol, así como la ejecución sumaria de opositores y oficiales del régimen anterior.
La radicalización del régimen se acentuó con la toma de la embajada estadounidense en 1979, lo que desencadenó la caída del gobierno provisional de Bazargan y la destitución del primer presidente electo, Bani Sadr. A nivel internacional, la Revolución Iraní alarmó a líderes seculares como Saddam Hussein, y la hostilidad de Khamenei hacia Occidente culminó en la Guerra Irán-Irak de 1980, en la que Estados Unidos apoyó a Irak para frenar la influencia iraní.
Contexto Económico Actual
Las protestas actuales, aunque en gran parte antigubernamentales, también tienen una raíz económica profunda. Según información de AP News, el rial iraní cayó a 1,42 millones por dólar el 28 de diciembre, frente a los 1,38 millones del día anterior.
En términos de inflación, en diciembre de 2025 alcanzó el 42,2%, lo que representa un incremento del 1,8% en comparación con noviembre del mismo año. Los precios de los alimentos subieron un 72% y los productos médicos y de salud un 50% respecto a diciembre de 2024, lo que agrava aún más la crisis económica.
5to levantamiento desde 2017
Este levantamiento se suma a una serie de protestas que comenzó en diciembre de 2017, conocida como la «Revuelta del Pan». Le siguieron el levantamiento sangriento de noviembre de 2019, producto de la indignación popular por el aumento del precio del combustible, y la revuelta de 2021, el «levantamiento de los sedientos», impulsado por minorías étnicas árabes. La ola más significativa fue el levantamiento de 2022 bajo el lema «Mujer, Vida, Libertad», que destacó la lucha por los derechos de las mujeres y las luchas anticoloniales de pueblos oprimidos como los kurdos y los baluchis.
La protesta actual parece haber retomado la lucha por la reproducción social, pero ahora en un contexto más radical y postbélico. Aunque comenzó con demandas relacionadas con las condiciones de vida, las protestas han rápidamente dirigido sus fuerzas contra el poder político y la corrupción de la oligarquía gobernante.
Asedio de Amenazas Externas e Internas
El gobierno iraní ha respondido a las protestas con una fuerte represión, buscando controlar las redes de comunicación tanto internas como externas. Esto ha generado un entorno de información difusa, que ha sido aprovechado por algunos sectores políticos. En este sentido, se ha observado una intervención extranjera, con el apoyo de Estados Unidos al ofrecer servicios de Starlink, de Elon Musk, mientras sectores conservadores han aclamado una posible intervención imperialista.
Grupos anarquistas y de izquierda radical han advertido sobre los peligros de esta dinámica. Según una entrevista con el colectivo Anarchist Front, las protestas han mantenido una estructura horizontal y descentralizada, a diferencia de las protestas de años anteriores, donde se centraron en puntos específicos. Actualmente, las manifestaciones han formado una red de zonas en conflicto con las autoridades.
Sin embargo, desde el inicio de las protestas, Reza Pahlavi, hijo del derrocado Shah Mohammad Reza Pahlavi, ha expresado su apoyo a las manifestaciones desde el exilio en Estados Unidos, posicionándose como portavoz de aquellos que ven la restauración de la monarquía como una posible solución.
El colectivo feminista Roja, a través de un artículo publicado en CrimethInc, ha señalado la amenaza de una posible injerencia estadounidense en el conflicto. Un día antes de la intervención en Venezuela, Donald Trump advirtió al gobierno iraní, señalando que si “mata a manifestantes pacíficos, como es su costumbre, Estados Unidos acudirá en su rescate. Estamos preparados y listos para actuar”. Por otro lado, Israel, que ya ha intervenido en Irán con bombardeos bajo el lema “Mujer, Vida, Libertad”, expresó en sus redes sociales: “Estamos con ustedes, manifestantes”.
El apoyo de fuerzas occidentales como Estados Unidos e Israel puede pavimentar el camino hacia un nuevo régimen bajo la influencia imperialista. Este contexto se produce en un momento crítico para el «Eje de Resistencia», especialmente tras la caída del gobierno de al-Assad en Siria y la intensificación del intervencionismo militar en 2026, con bombardeos en Líbano y Palestina.

