Algunas consideraciones sobre los incedios en Puelmapu

Ya en los primeros días de enero de 2026, nos acompañan dolorosas imágenes que nos llegan de incendios que destruyen una enorme área de la Patagonia, más específicamente en la provincia de Chubut y sus alrededores (Río Negro, Neuquén y Santa Cruz), localizadas en Puelmapu, territorio ancestral mapuche, que actualmente se encuentra ocupado militarmente por el Estado argentino. Desplazamientos forzados, casas quemadas, comunidades enteras afectadas, bosques nativos devastados. La intensidad del fuego es tan grande que, en algunos puntos, fue posible ver la densa nube de humo desde el otro lado de la cordillera. Y todo esto no es por falta de preparación del gobierno «x» o «y». Es un proyecto colonial en expansión.

Al mismo tiempo que la tierra arde, el Estado argentino reduce el presupuesto para combatir los incendios —ya frecuentes en la región— en aproximadamente un 70%. En el ámbito local, Ignacio Torres, gobernador de la provincia de Chubut, no utilizó el presupuesto destinado para ese fin y minimizó los ataques, afirmando: «No podemos subestimar los efectos del cambio climático». En cuanto a eso, Héctor Iturrioz, ministro del gobierno de Torres, declaró a la prensa hace algunos días que los responsables son grupos mapuche: «Porque es lo que demuestra la historia», en una declaración racista nada inusual.

El año pasado, en el contexto de uno de los megaincendios que asolan la región casi anualmente, la entonces ministra de Seguridad Nacional, Patricia Bullrich, junto con Torres, no demoraron en responsabilizar nuevamente a grupos mapuche. Incluyeron a Resistencia Ancestral Mapuche (RAM) en la lista de organizaciones terroristas de aquel país, lo que tuvo como efecto la prisión preventiva y sin pruebas del lonko Facundo Jones Huala, mantenido secuestrado en las prisiones argentinas desde enero de 2025. La acusación es que, en su libro Entre Rejas – Antipoesía Incendiaria y en la actividad de lanzamiento de la publicación, él estaría reivindicando atentados a las infraestructuras físicas de ocupación colonial en Wallmapu. Facundo y las comunidades mapuche solo actúan como chivos expiatorios para el Estado argentino por resistirse a los asaltos en sus territorios.

Se acusa precisamente a las comunidades que se organizan y ponen el rostro para impedir la expansión de la devastación causada por las papeleras, madereras, latifundios, empresas de minería y otras.

Como un movimiento complementario, el Estado argentino busca promover alteraciones de las leyes socioambientales que regulan los bosques, las tierras y el manejo del fuego, con el fin de hacer posible la compra y venta de áreas que, en su estado actual, estarían protegidas, en caso de ser consumidas por los incendios. Esto agravaría el ya terrible armazón legal, que permite la «alteración del uso» de esas tierras siempre que «respeten» un intervalo que varía de 30 a 60 años. Tal plazo sería reducido o incluso abolido, lo que aceleraría aún más la expansión colonial en tierras protegidas y ancestrales. Más allá de eso, existe una tentativa de vender estas tierras al capital extranjero.

En el caso de los incendios actuales, se sabe que son provocados por grupos con intereses específicos. Hay registros en la prensa local de turistas israelíes (léase: militares) capturados creando hogueras en la región, así como fueron encontradas granadas M26 IM, de fabricación israelí, y galones de gasolina esparcidos en áreas críticas. Nada es casual.

Hay un conocido plan histórico para la invasión de las tierras ancestrales mapuche por fuerzas sionistas, como fue previsto incluso por Theodor Herzl, padre del sionismo moderno, en su libro El Estado Judío de 1896, en el cual ya apuntaban a la región como un potencial blanco de asentamientos sionistas. Es también en este texto fundador en el que Herzl apunta a Palestina como «una tierra sin pueblo» que debería ser ocupada para la promoción de un etno-Estado sionista. Las conexiones entre los territorios de exterminio colonial están sobre la mesa, explícitas. Son elementos de la guerra social en curso, en la cual los Estados y las corporaciones recurren a la tecnología del horror que atraviesa fronteras; son formuladas, testeadas y diseminadas en diferentes territorios como armas de dominación colonial de los pueblos considerados salvajes y bárbaros, de aquellos vistos como un obstáculo para la expansión del proyecto civilizatorio occidental.

En fin, cabe afirmar: no hay una dicotomía entre la gestión estatal de las tierras y la compra por corporaciones internacionales, ambas son partes de un mismo proyecto colonial de invasión, usurpación y militarización de los territorios ancestrales mapuche. Estas no son tierras argentinas que serán vendidas a lxs colonxs; son tierras mapuche colonizadas y militarizadas por el Estado argentino en colusión con grandes empresas internacionales como Lewis y Benetton.

Todo Estado es un instrumento de exterminio de pueblos originarios y de diferentes modos de vida. Todo Estado es una ocupación militar y, por lo tanto, colonial.

Reafirmamos nuestra solidaridad sin restricciones con las comunidades mapuche en resistencia. ¡Libertad a Facundo y a todxs lxs presxs mapuche! ¡Wallmapu libre!

Extraído de @ed.insurrectas [Instagram]

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